RACING 2 – TIGRE 0: LA ACADEMIA DEL SIGLO

Sin lugar a dudas, hay una fecha del calendario que le sienta mejor a la Academia que al resto de las instituciones del fútbol argentino. El 14 de diciembre pero de hace exactamente un siglo atrás, los de Avellaneda se consagraban como el único heptacampeón del continente. Ese mismo día repitieron la gloria en 1958, en 2014, y ahora fue el turno de alzarse con el Trofeo de Campeones, en Mar del Plata, tras vencer en una ajustada final al Matador de Victoria por 2 a 0.

Fin del ciclo de Eduardo Coudet en un Racing que festejó dos veces en un año, algo que no hacía desde el lejano 1967 cuando de la mano de Juan José Pizzuti se quedaba con la Copa Libertadores ante Nacional de Montevideo y, meses más tarde, con la Intercontinental frente al Celtic de Escocia en tierras uruguayas. Enfrente estuvo Tigre, el mismo equipo aguerrido que hizo méritos para que el país entero hablase de la injusticia de los promedios con un descenso y el título de la Copa de la Superliga en una mezcla de sensaciones y que no pudo coronar su paso por la elite con otra copa para sus vitrinas.

Clima de fiesta, de un lado y del otro. Multitudes sedientas de celebrar una nueva estrella. El himno se cantó por completo como hace tiempo no sucedía y las hinchadas se unieron para entonarlo. Pero después llegó el momento de la acción y la contienda arrancó tan friccionada como entretenida. La primera situación clara fue para los del «Chacho» con un cabezazo de Alejandro Donatti que, Gonzalo Marinelli, desvió al córner, esforzándose contra su parante izquierdo. El resto le perteneció a los de Néstor Gorosito que llegaron con peligro pero no tuvieron la puntería deseada.

Gerardo Alcoba en el área grande remató por encima del travsaño a los 8 del primer tiempo y, pasado el cuarto de hora, fue Ezequiel Rodríguez quien desperdició una ocasión inmejorable con la pelota picando en el punto penal. A esa altura del juego Tigre era más que su contrincante pero acabó siendo Racing el que aprovechó una falencia de su rival por el costado zurdo parda, en dos acciones fotocopiadas, definir la final antes de ire al descanso.

Iba media hora de pleito cuando Jonatan Cristaldo descargó para Walter Montoya. El ex Rosario Central a pura velocidad desbordó por el flanco derecho y tocando pito por el medio entraban Darío Cvitanich y Matías Rojas. El otrora Defensa y Justicia, sin marca y con todo el arco a su merced, empujó el esférico e infló las redes para torcer la historia en el José María Minella. Con el 1 a 0, se apagó el elenco de Victoria que sólo llegó con un cabezazo que el chileno, Marcelo Díaz, despejò en la línea. Sin embargo, los de Avellaneda, encontraron con la misma fórmula de la apertura del marcador, el gol de la tranquilidad.

A los 43 minutos del capítulo inicial, el hombre que brilló en Banfield, Cvitanich, peinó un saque de su arquero. Montoya encaró a pura potencia, una vez más, por el sector de Lucas Rodríguez, se hizo un picnic para descargar en un calco hacia el medio. Rojas, bajó la tapa, hizo una doble-faz, y desató la alagarabía de todo el pueblo vestido de celeste y blanco que ya saboreaba un nuevo título de su riquísima historia.

El «Churry» Cristaldo pudo ampliar la diferecia en el inicio de la complementaria cuando halló un regalo en el vértice del área chica pero el ex Vélez Sarsfield le quiso romper el arco a Marinelli y su disparo se fue por encima del larguero. Después, el campeón, volvió a entrar en una meseta y los de Gorosito tuvieron todo para ponerle algo de suspenso a la final del Trofeo de Campeones aunque se toparon con una muralla llamada Gabriel Arias.

El arquero de la Academia voló para sacarle un cabezazo de Sebastián Prediger y, más tarde, fue el único despierto en una siesta de sus compañeros para taparle el descuento al «Chino», Carlos Luna. El Matador, con mucha valentía, sabía que un tanto podía jugarle en contra mentalmente a su contrincante. No obstante, el travesaño se lo negó al «Perro» Prediger que minutos más tarde se iría expulsado de la verde gramilla ya, agotando así, cualquier tipo de sueño azul y colorado.

Tigre, de gran partido, se fue ovacionado por su gente y deberá fijar su objetivo claro en repuntar durante el primer semestre del 2020 para soñar con un regreso a la Superliga. Racing, en la última función de Coudet como entrenador, ganó 2 a 0, se quedó con el Trofeo de Campeones y sumó otra copa a su vitrina un 14 de diciembre tal como lo hizo en 2014, en 1958, y hace exactamente cien años atrás cuando se quedó con el séptimo título consecutivo en un récord de esos que le valieron el mote del «Primer Grande del Fútbol Argentino».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *