FÓRMULA 1: UN CUARTO DE SIGLO DEL PRIMER TÍTULO DE MICHAEL SCHUMACHER

Foto: AFP

El 13 de noviembre de 1994 se disputaba en Adelaida el Gran Premio de Australia, última carrera del Campeonato de Fórmula 1 de ese año, temporada que a esa altura ya tenía reservado para siempre un lugar en los libros del automovilismo debido a la trágica muerte del brasileño Ayrton Senna durante el Gran Premio de San Marino.

Michael Schumacher arrasó en el comienzo del certamen imponiéndose en las carreras de Brasil, Japón, San Marino y Mónaco, culminó segundo en España y volvió a subirse a lo más alto del podio en Canadá y Francia. Desde entonces, al piloto alemán lo fastidiaron con varias sanciones y la descalificación en los grandes premios de Gran Bretaña y Bélgica, injustamente para muchos, incluso más de uno osó acusar a Bernie Ecclestone y Max Mosley, popes de la F1 y la FIA respectivamente por esa época, de beneficiar a la escudería Williams-Renault integrada por los británicos Damon Hill y Nigel Mansell, reemplazante del astro paulista, para llegar al final de la temporada con un campeonato mucho más parejo, situación que finalmente se produjo, pues se arribó al Gran Premio de Australia con un solo punto de ventaja de Schumi sobre el piloto inglés.

Nigel Mansell consiguió la Pole Position al ser el más veloz en las sesiones de clasificación, detrás de él partía su coequiper, en medio de ambos Williams, estaba el teutón con el auto de la escudería Benetton-Ford. En la vuelta 35, sobre un total de 81 giros que debían dar al circuito callejero de la ciudad de Adelaida, el alemán vio que Hill lo adelantaría al tomarle el interior de la curva, pegó un volantazo provocando la colisión. El bólido de Schumacher se despegó del suelo estrellándose contra las vallas, instante mismo en que, con 25 años de edad, se consagraba por primera vez campeón de la Fórmula 1 por el abandono del corredor inglés a causa de las severas averías que su auto padeció como producto del impacto.

Hace exactamente un cuarto de siglo, el alemán empezaba a escribir con tinta indeleble su nombre en la historia, no solo del automovilismo, de todo el deporte a nivel mundial. Michael Schumacher repetiría el título con la misma marca al siguiente año. En 1996 pasó a Ferrari, coronándose consecutivamente desde el 2000 hasta el 2004, alcanzando el heptacampeonato mundial y múltiples récords, convirtiéndose para muchos en el piloto más grande de todas las épocas, un mito que, paradójicamente, tras jugarse por años la vida corriendo a más de 300 kilómetros por hora, una caída esquiando, fue un inesperada chicana que lo mantiene desde hace mucho tiempo, conversando cara a cara con la parca.

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