Partidos del día de hoy

RIVER – BOCA: EL MUNDO ESTABA MIRANDO, Y OTRA VEZ VOLVIMOS A FALLAR

El mundo nos observaba, y otra vez dimos vergüenza. Millones de ojos estaban posados en lo que sucedería en el Monumental, en un partido de fútbol que definiría al campeón de la Copa Libertadores pero, una vez más, el fútbol fue rehén de la conducta de nuestros inadaptados de siempre. Piedrazos, avalanchas, corridas, robos, balas de goma y suspensión tardía. Una nueva página negra…

El encuentro revancha entre River y Boca llamaba la atención en todo el globo terráqueo. Dos de los equipos más grandes y pasionales de América se cruzaban para determinar quien sería el campeón de la Copa Libertadores tras el empate en la ida. Centenares de periodistas y espectadores de múltiples países se hacían presentes para poder observar lo que -erróneamente- fue catalogada como la Final del Mundo.

La cita estaba prevista para las 17. Desde temprano, múltiples denuncias se hacían oír en las inmediaciones del Monumental declarando “zona liberada” en las adyacencias y varios acusaban el haber sufrido el robo de sus entradas. A pesar de esto, y con el correr de las horas, miles y miles de camisetas rojas y blancas aparecían por los alrededores del Antonio Vespucio Liberti.

Sorpresivamente, los cacheos por Udaondo no contaban con la rigurosidad que han sabido mostrar en otras ocasiones: sin hacer mucho esfuerzo, aquellos que no contaran con entrada oficial podían esquivar los controles hasta quedar realmente cerca de los molinetes. Esto provocaría que se conglomeren las personas contra las vallas y sucedan las avalanchas.

Pero lo peor aún no había ocurrido. En una decisión tan ilógica como polémica, se determinó que el micro de Boca ingresó por Avenida Libertador hasta doblar en Monroe, punto clave de concentración de “hinchas” de River. La emboscada fue terrible: piedrazos por doquier y utilización de gas lacrimógeno para disuadir que no hizo más que ingresar en el omnibus. El saldo, Pablo Perez y Gonzalo Lamardo heridos con vidrios y varios descompuestos por obra de los gases.

Debido a esto, se comenzaron los diálogos para suspender el encuentro dado que varios protagonistas de la visita no se encontraban en condiciones para hacerlo. Reuniones entre Alejandro Dominguez, Rodolfo D’Onofrio y Daniel Angelici, sumándose más tarde Giannis Infantino para hacerle saber a los clubes que el deseo/obligación de CONMEBOL y FIFA era jugarlo si o si el sábado. Mientras tanto, las corridas se multiplicaban en las afueras del Estadio y el capitán Xeneize era trasladado a un centro oftalmológico.

Primero se cambió de las 17 a las 18. Luego a las 18:20. Boca no quería jugar. River acompañaba la decisión. CONMEBOL y FIFA presionaban. Nuevo horario a las 19:15. Cunha, el árbitro, saliendo a calentar. Luego, a las 19:45. Llegada de Claudio Tapia, firmeza de Boca en no jugarlo y acompañamiento de River en la determinación. Finalmente, casi tres horas después, el encuentro fue postergado para el día siguiente.

Lejos de calmarse las aguas, los incidentes en las afueras del Monumental volvieron a resurgir entre los que no tenían entrada persiguiendo a los que sí, con la intención de poder acercarse el día domingo. El fútbol argentino, al igual que el último miércoles entre All Boys y Atlanta, dio la nota pero por lo negativo. Una nueva mancha negra salpica a la Argentina. Una vez más, el mundo miraba lo que acontecía en nuestro suelo y, una vez más, demostramos la incapacidad como sociedad para llevar a cabo tamaños eventos que, en definitiva, no deberían ser más que un juego de 90 minutos y un festejo.

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