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  • [ SuperLiga 2018 ] Huracán - Argentinos Jrs.

TENIS: JUAN MARTÍN DEL PODIO

Foto: www.eltribuno.com

Peloteo desde el fondo de la cancha. Del Potro domina con su drive moviendo a Federer de lado a lado. Derecha paralela del argentino. Roger llega exigido a pegar con el revés. La pelota vuela, vuela, vuela y cae centímetros detrás de la línea. “La Torre de Tandil” se desploma en el cemento del Arthur Ashe. Se quita la vincha. Explota en llanto. Mirando hacia el cielo, abre sus brazos de par en par. Es el campeón del U.S. Open. Cómo nunca antes, Juan Martín Del Potro se codea con la gloria.

Efímeramente, toca el cuarto escalón del ránking, fue una sola semana en enero de 2010, también un par de ellas en abril de ese mismo año. Un tiempo posterior, el calvario con sus muñecas detuvieron su andar y tras su primera operación, descendió hasta la 485° posición a principio del Open 2011.

Volvió a las pistas, carreteó, tomó envión, aceleró y en poco más de un año se situó nuevamente dentro del top ten remontando vuelo hasta ser otra vez el N°5 del mundo la primera semana de octubre de 2013. Disputó ese año el Torneo de Maestros, reservado para las mejores ocho raquetas del planeta. Volvió a estar en el lugar que debía. Bien arriba, muy alto.

En la primera ronda de Dubai, a finales de febrero de 2014, luego de ceder en el tie-break del primer set, respetuosamente pide disculpas al público y deja la cancha. Ahora es su muñeca izquierda la que lo traiciona en pleno vuelo y lo empuja al vacío. Una caída libre estrepitosa. Sin preámbulos, lo depositó en tres oportunidades en el quirófano. Su vuelta al circuito se estrolaba una y otra vez contra la tortuosa realidad, una pesadilla que rozaba la eternidad. Un intento frustrado a la alta competencia que apenas duró un manojo de partidos solo sumaba incertidumbre. Su futuro profesional agonizaba, la última planificación de un calendario tenístico husmeaba a ancianidad de siglos, y los maquiavélicos números, los sumían por debajo del puesto mil.

Volver. En ese viaje interminable al abismo, plagado de tinieblas y perversos fantasmas, su genio interior, ese de fe inquebrantable, sed inconmensurable de revancha, y perseverancia irracional, le concedió pedir un deseo. Pidió volver…

Y volvió. Despacio, casi sin dar aviso. Sigiloso. Agazapado como tigre famélico en la oscuridad de la noche de la sabana. Fue paciente hasta que apareció la presa y no vaciló. Se arrojó sobre ella. Un zarpazo, otro, otro más. Sus colmillos presionaron hasta el hastío, no le dio respiro y lo devoró. En un parpadear, esa bestia intratable dio paso a un ser hipersensible, emocionado al extremo. Juan Martin Del Potro había vuelto. Novak Djokovic, nada menos que el número uno del mundo, fue su víctima y el escenario no podía ser mejor, los Juegos Olímpicos de Río 2016, ante un público que se laceraba las manos aplaudiendo y cientos de millones que permanecían atónitos delante de una pantalla. Coronó el regreso con la medalla plateada esa semana, su segunda presea olímpica. A partir de ahí, nunca más detuvo su marcha.

Mucha lucha, tanto esfuerzo había demandado su recuperación, que el destino le hizo guiño y le permitió perpetuarse en la historia del tenis argentino. Resulta que la más linda de la clase, esa que tantas veces provocó desvelo, que coqueteaba e ilusionaba, la que parecía que le robabas el beso, pero te dejaba plantado para irse con otro. Así una, dos, tres, cuatro veces … muy grande era el amor hacia ella y el anhelo de tenerla no conocía límites. Entonces, nada de rendirse, justo a él le van a hablar de rendirse.

Insistió una vez más. La empezó a seducir en Glasgow tras llevarse una tremenda batalla ante Andy Murray. Allí le demostró cuanto la deseaba. Meses más tarde, un viernes, en Zagreb, la invitó a bailar. Dijo que sí. Al verlo, lo sintió maduro, aplomado, apuesto. Era el momento, había que conquistarla. Cuarenta y ocho horas más tarde, tendría la gran cita, aunque enfrente estaría un caballero que también la pretendía. Un tal Marin Cilic, también se apersonó en el lugar, y desde un primer momento fue agresivo y prepotente, dominador absoluto de la escena. La sensación es que se repetiría la historia y otra vez vería como lo deja para irse del brazo con otro. Entonces salió con toda la artillería. Dejaría la piel si era necesario. Un compañero termino el trabajo, pero él, cómo el héroe de la película, ya había realizado todo lo que estaba a su alcance, no se guardó absolutamente nada. Ante tamaño acto de amor, cayo rendida a sus pies. Delicadamente la tomó de su cintura, la levantó y le enseñó al mundo que al fin era suya. Argentina era por primera vez campeón de la Copa Davis y él, Juan Martín Del Potro, era gran responsable de esa epopeya.

Su camino continuó. Finalizó esa temporada, que administró cuidadosamente, dentro de los mejores cuarenta y su ascenso en el 2017 lo vio a fin de año en el undécimo puesto del ranking.  Sólo un par de semanas del 2018 le costaron para meterse en el top ten, un lugar al que regresaba después de más de 5 años, del que nunca mereció irse y, el lunes 11 de junio, volvía a su mejor posición histórica, esa que conservó hasta hoy, apenas un peldaño por debajo del podio.

Ese muchacho de Tandil, que superó con esfuerzo y humildad cada obstáculo, que se levantó de innumerables tropiezos y que sufrió duros golpes, mañana, 13 de agosto de 2018, será el número tres del mundo. Será el quinto tenista criollo en llegar a ocupar ese escalafón, el cuarto entre los hombres. Solamente Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Guillermo Coria y David Nalbandian volaron tan alto.
Es momento de gozar para él. Es momento de disfrutarlo los que vivimos al deporte con pasión. Él se ganó este presente y, aún con mucho camino por transitar, con lo hecho hasta aquí, ya ha dejado mucho más que resultados deportivos. Felicitaciones Juan Martín Del Potro, este brindis es por usted. Salud.

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