BÉLGICA: LOS DIABLOS ROJOS Y SUS MÁS DE 4 MILLONES DE FRANCÓFONOS

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Las continuas guerras, los Imperios, el dominio de unos sobre otros, generaron del mapa europeo una verdadera ensalada. No obstante, y más allá de haber sido colonia inglesa hasta la llegada de Napoleón Bonaparte, los galos tuvieron una gran influencia en el sur de los Países Bajos dejando así más de cuatro millones de belgas que hablan francés.

Las semifinales de Rusia 2018 los pusieron en veredas opuestas. En verdad se tratan de dos países completamente distintos en muchos aspectos pero también con demasiadas cosas en común. La joven historia de Bélgica están vinculada con aristas de una Francia pujante y en combate constante.

Al haber sido parte de los Países Bajos, los belgas hablan en primer lugar el neerlandés. Ese mismo idioma que se utiliza en Holanda es aceptado por más del cincuenta por ciento de la población. Sin embargo hay algunas costumbres que no se han perdido ya que los alemanes aún siguen cuidando su lenguaje en el occidente mientras que los franceses lo usan desde Brusleas hacia el sur.

La Región Valonia se divide de la de Flandes (de allí viene el famoso Flandria que actualmente milita en la B Metropolitana de Argentina). Si bien no hay grandes cambios, existen algunas diferencias tanto parlamentarias como las ya mencionadas de idioma puesto a que muy pocos de los valones habla el neerlandés y el resto es francófono.

Tantos cambios obligaron al entrenador de Bélgica a adoptar un solo idioma para manejarse con el equipo. El DT conversa con sus jugadores en inglés y, mismo en las escuelas, después del idioma principal que dictan según la zona geográfica, el segundo en enseñar es el británico. De esta manera empieza a unificarse un tema de lenguaje que lleva casi dos siglos de separación.

Lo cierto es que esta noche, los Diablos Rojos jugarán contra Francia por semifinales de la Copa del Mundo. Y hay más de 4 millones de belgas que hablan el idioma del rival. Historias de una Europa que siempre estuvo en guerra y nunca logró una identidad definitiva en la mayor parte de sus países.

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