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VILLA SAN CARLOS 5 – ACASSUSO 2: PARA EL RECUERDO Y EL RECUADRO

El Villero y el Quemero brindaron verdaderamente un partidazo en el Genacio Salice. El abultado marcador final indicó que fue goleada para los de Berisso por 5 a 2 pero, en una contienda inolvidable, tranquilamente también los de Boulogne podían haberse alzado con la victoria.

Arrancó pasándola mal Villa San Carlos. Su oponente era una máquina de generar presión y los de Osvaldo Ingrao no podían cruzar el mediocampo. Algunos destellos de Oswaldo Blanco, la velocidad de Lázaro Romero y la jerarquía de Matías Galvaliz eran un verdadero dolor de cabeza para el dueño de casa. Y de tanto ir a buscarlo Acassuso se encontró con el primer grito de la tarde a través de una desafortunada acción donde Nahuel Figueredo, en el afán por despejar la pelota, se la terminó llevando puesta contra su propia valla.

Transcurrían tan sólo 9 minutos y la visita saboreaba la victoria parcial ante un Celeste opaco, sin ideas. Sin embargo varias piezas se activaron repentinamente en el conjunto local y la historia cambió. Desde que Emmanuel Ávalo Piedrabuena tomó las riendas del mediocampo, el elenco de Ingrao se convirtió en una máquina imparable para el Quemero.

Lo tuvo Jorge Chiquilito de volea y salió apenas desviado. Más tarde Julio Salvá le tapó un terrible mano a mano a la figura del partido, Pablo Miranda. Pero el andar arrollador de Villa San Carlos ya merecía el empate y a los 20 lo consiguió Gerardo Maciel tras una gran asistencia del «Pájaro» que volvió loco todo el tiempo a los dirigidos por Rodrigo Bilbao.

Al Villero le costó un cuarto de hora más revertir el marcador pero no por falta de oportunidades sino por ausencia de fortuna a la hora del remate final. Recién a los 36 llegó el segundo tanto para el dueño de casa aprovechando un tiro de esquina mal ejecutado por los de Boulogne que derivó en un contragolpe letal. Figueredo, esta vez en el área opuesta, se sacó la espina de su gol en contra para poner el ya merecido 2 a 1.

Acassuso estaba perdido en el campo de juego, completamente groggy y al borde del nocáut. Por eso Villa San Carlos hizo cada ataque a su antojo paseándole la pelota por delante de la cara a ese rival de mucha pica y con semejante historia entre ambos. Y sobre el final del primer tiempo llegó el golpe a la mandíbula para la visita porque de una pifia de Rodrigo Chao llegó el tanto de Miranda que dejó tirado en el camino a Salvá y con una pausa sobradora acomodó el esférico contra el otro poste para que su equipo se vaya al descanso con un 3 a 1 inapelable.

El gran error del dueño de casa para la segunda etapa fue creer que el partido ya estaba liquidado. Entonces fue todo del Quemero que ya arrancó avisando con un remate de Chao, a los 31 segundos, que obligó a un esfuerzo de Gastón Sessa para desviar el intento al córner. Y sin embargo, cuando parecía que los de Bilbao iban a arrinconar a su contrincante durante todo el segundo tiempo apareció el cuarto festejo del Celeste por intermedio de Maciel que no perdonó un fallido cálculo de Salvá a los dos minutos.

El 4 a 1 parecía irremontable y de contra el local pudo haber cerrado la historia en más de una oportunidad. Mientras tanto en el área opuesta el poste salvaba al arco del «Gato» Sessa tras un remate de Romero. A 20 del final Julio Barraza sancionó un penal para la visita que Santiago Davio cambió por gol. Acassuso había descontado y tenía energía y tiempo de sobra para conseguir la heroica. Aunque en tiempo de descuento y con todo el equipo de Bilbao jugado en ofensiva llegó el 5 a 2 definitivo en un contragolpe que abrochó Matías Sen.

Fue un verdadero partidazo que pudo ganar tanto el equipo de Berisso como el de San Isidro. El 5 a 2 que le propinó Villa San Carlos a Acassuso quedará para la historia. Digno de recordar y recuadrar.

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